martes, 5 de febrero de 2013

¿Existen los directivos globales?

O mejor deberíamos preguntarnos si existe algún directivo que aún no sea global. Porque pocas empresas quedan ya limitadas a un solo mercado, y las pocas que no se habían internacionalizado lo están haciendo ahora a marchas forzadas espoleadas por la crisis.

La globalización de las empresas no se reduce solo a su internacionalización es decir a exportar o fabricar en varios países, también sufren otros efectos de la globalización como el enfocarse a clientes de otras culturas y nacionalidades aún dentro de su país de origen. El ejemplo más obvio de esta "globalización a domicilio" son los esfuerzos del sector turístico por adaptarse a esas nuevas culturas para ofrecer un producto adaptado a sus preferencias. 

Pero encontramos otros muchos, si observamos por ejemplo como la oferta de restauración o de alimentación se ha ido adaptando a las preferencias de una población de orígenes cada vez más diverso. Y en esa adaptación al nuevo mercado se ha abierto una oportunidad de ofrecer un producto nuevo al cliente tradicional con el que diferenciarse en un mercado muy competitivo.

Otro fenómeno de globalización no tan analizado es el derivado de la gestión de compras, donde como consecuencia de la presión por ser más competitivos se ha ido a buscar proveedores de materias primas o servicios a otros países. No es tan raro comprar un tomate marroquí, ser atendido por un 'call center' en Sudamérica o leer el casi omnipresente 'made in china' en cualquier aparato cotidiano.

Pero uno de los efectos de la globalización que más me han interesado desde hace tiempo es el derivado de la inmigración, y su impacto en los departamentos de recursos humanos de algunas empresas. Tomé conciencia de ese impacto cuando un buen amigo mío, presidente del comité de empresa, en una empresa industrial me contó hasta que punto había cambiado la realidad del sindicato con la irrupción de empleados de otras culturas. Demandas como ajustar el horario durante el  ramadán, o las clases de castellano, habían pasado a ser cotidianas en su empresa.

En resumen, ¿quien puede decir que en su empresa no trabaja ya de forma cotidiana con personas de diferentes culturas? con clientes Europeos, o con proveedores en Asia, o tiene inversiones en Latinoamérica, o compañeros de trabajo de cualquier país ¿Quien no ha tenido que viajar recientemente a otro país?, ¿o mantener una 'call conference' o recibir visitas de algún lugar lejano en su trabajo?

Resulta cómico desde mi punto de vista como seguimos reservando el término de directivo global para aquellos que vivimos y trabajamos lejos de nuestro país de origen, cuando el choque cultural y la gestión global se presentan con más complejidad en los “headcuarters” de nuestras multinacionales.

Si todos estamos ya tan expuestos a la globalización de nuestras empresas, ¿debemos seguir considerando directivos globales solo a los expatriados? ¿No somos ya todos un poco directivos globales? Pero debemos preguntarnos… ¿nos hemos preparado para esta realidad? 

1 comentario:

  1. Es evidente que nadie está preparado para ser directivo global, por muchas escuelas de negocio que haya visitado. La globalidad te la da la experiencia que adquieres "on line" en los paises destino.

    Las empresas deben cuidar los perfiles de Directivos Globales porque más allá de su preparación hay otro factor clave mucho más importante con el que cuentan: la "madera".

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