miércoles, 1 de junio de 2016

EL CAPITALISMO HA MUERTO

Hace tiempo que lo escribo en twitter y ante la insistencia de alguno de mis seguidores me he decidido a desarrollar un poco mi visión del asunto. Sé que la expresión puede resultar chocante y provocativa, de hecho esa es la intención de este modesto blog, provocar la reflexión en sus lectores. Pero aunque la expresión sea un tanto provocativa por prematura, no hay duda que vivimos un cambio de época, y que entre las muchas transformaciones que vamos a vivir en los próximos años está la del cambio de sistema económico. Déjenme puntualizar que no pretendo dar mi opinión sobre si el capitalismo ha sido bueno o malo, o si lo que viene será mejor o peor, dejo ese interesante debate para más adelante, ahora solo pretendo constatar una realidad, y es que aunque algunos no se hayan dado cuenta, El capitalismo ha muerto.

Escribir sobre este tema me va a traer algún dolor de cabeza porque es uno de los más controvertidos de hoy en día. Buena parte de lo que se publica en redes sociales y se debate en medios de comunicación sigue pivotando sobre las ventajas y perjuicios del modelo capitalista que supuestamente rige nuestra economía, como si estuviese vigente aún hoy en día. Algunos no parecen darse cuenta de que defienden un modelo obsoleto, que puede que haya contribuido al desarrollo del planeta como ningún otro, pero que ya no existe más.

Aunque si les parece ridículo que algunos defiendan un modelo muerto y obsoleto, más ridículo aún es que algunos se dediquen a combatir a un muerto. Es fascinante el surgimiento en medio mundo de nuevas corrientes que se autodenominan anticapitalistas, justo ahora que el capitalismo ha llegado a su fin. Tal vez sea un síntoma más del cambio de época, el capitalismo agoniza y muchos corren a apuntarse el tanto de haberlo matado.

Para poder decir que una sociedad se rige por un modelo económico capitalista, es necesario que las principales características del capitalismo estén presentes, es decir, la propiedad privada, la libre fluctuación de precios y la búsqueda del beneficio. Menciono estas por que considero que son las principales, las que casi todos los autores definen como esenciales del modelo capitalista. Pues bien veamos cada una de ellas en detalle.

La propiedad privada
La propiedad privada de los factores de producción es sin duda la primera y más necesaria característica del modelo capitalista, sin ella no podemos decir que el capitalismo exista realmente. Y es cierto que la propiedad privada se permite en nuestro sistema, pero la mayor parte de los sistemas de producción son de propiedad comunal. Si, si, han leído bien, y sino repasen quienes son los propietarios de las grandes corporaciones y conglomerados del mundo occidental. Las principales corporaciones empresariales de Europa y EEUU pertenecen en su gran mayoría a instituciones de inversión colectiva, es decir, fondos de inversión, planes de pensiones, fondos soberanos, fondos de capital riesgo, de private equity, hedge funds y demás terminología impronunciable. 
Solo en España las sociedades de inversión colectiva gestionan un patrimonio de unos 500.000 millones de euros (50% del PIB), a esto habría que sumar lo que directamente es de propiedad pública o del sector social (cooperativas, ONGs o fundaciones). Y por último deberíamos añadir las empresas cotizadas, de las que una muy buena parte de su capital acaba estando en manos de millones de pequeños y medianos accionistas, tantos que se acaba por pervertir el concepto de propietario. Como decía mi abuela, si algo tiene muchos dueños, es como si no tuviese ninguno.

Es cierto que en sectores tradicionales como el de la vivienda, la participación de las sociedades de inversión colectiva es aún pequeña y predominan los pequeños propietarios, pero incluso en este sector la quota de las sociedades de inversión no ha parado de crecer. Tal vez sea exagerado afirmar que la propiedad privada se está extinguiendo pero no lo es afirmar que la inversión colectiva está tendiendo a una posición hegemónica en el control de los factores de producción. De hecho si consideraremos que la vivienda no es realmente un factor de producción, podríamos decir que la ha alcanzado ya.    

La libre fijación de precios
Otro de los pilares del capitalismo es sin duda el libre mercado,  o dicho de otra forma, la libre fijación de precios. Es frecuente oír críticas a las políticas de fijación de precios que han seguido en el pasado reciente los gobiernos de Argentina o Venezuela. Lo que no es tan fácil de oír son críticas a las políticas de fijación de precios de los bancos centrales, que mensualmente, tras una glamurosa reunión fijan el precio más importante de todos, el del dinero. Nos escandalizamos cuando alguien impone por ley cuantos euros debe valer el pan, pero vivimos con normalidad que el BCE juegue arbitrariamente con el valor del euro, que al final no deja de ser la medida con la que se denominan todos los demás precios.

Intervenir los mercados financieros tiene un impacto infinitamente mayor al de la intervención de los mercados de bienes y servicios, sus impactos son menos evidentes a ojos del ciudadano, pero inciden mucho más en su vida. Los salarios, las deudas, las pensiones, los precios de los productos y servicios están todos denominados en euros, y en consecuencia las intervenciones sobre el valor del euro los condicionan y modifican.

Cada vez que el BCE decide bajar los tipos las hipotecas bajan, pero a la vez impide la deflación es decir la bajada de precios de bienes y servicios. Que el gobierno de Venezuela regale gasolina a precios subvencionados es una ridiculez comparado con la ingente cantidad de dinero que el BCE dedica a comprar bonos soberanos de los gobiernos de la eurozona, y todo con el único objetivo de mantener su precio, permitiendo así que los gobiernos se puedan seguir endeudando y manteniendo el gasto público. Si quieren encontrar un ejemplo de intervención pública en la economía de un territorio, no busquen en Latinoamérica, el mejor ejemplo esta en Europa, concretamente en Frankfurt.   

Pero la cosa no termina ahí, en una economía capitalista donde operase la libre fluctuación de precios en base a oferta y demanda, no tendríamos el mercado de vivienda que tenemos hoy en día. Tras la crisis de 2008 y la abrupta caída de demanda, el precio de la vivienda debería haberse desplomado. Es cierto que el precio de la vivienda cayó, pero no lo suficiente como para encontrarse con la curva de demanda, ¿Por qué? Porque desde el sector público se crearon mecanismos de intervención, como el banco malo (sareb) que compró masivamente activos inmobiliarios con el objetivo de sanear los balances de los bancos y evitar así el desplome de los precios inmobiliarios. El resultado ya lo conocemos, miles de viviendas vacías, y miles de personas sin acceso a la vivienda.      

Estos ejemplos se suman a las políticas intervencionistas que la UE mantiene desde hace años para mantener altos los precios de los productos agrarios, subvencionando la reducción de cultivos y estableciendo cuotas de producción. O las ayudas al sector de la automoción, que si sumamos los beneficios fiscales a las fábricas, y las ayudas a la renovación de flotas, llegamos a cifras escandalosas. O a los precios del petróleo, que son fijados por los gobiernos de los países miembros de la OPEP en sus reuniones periódicas.

En definitiva, si el ahorro, la vivienda, los alimentos, los servicios públicos, los automóviles y la energía tienen precios intervenidos que no fluctúan libremente, dígame el lector ¿a que otra cosa dedica su dinero? ¿Qué porcentaje de su gasto mensual se gasta en precios realmente libres?

La búsqueda del Beneficio.
Pero sin duda el argumento mas complejo de explicar es el de la búsqueda del beneficio. La teoría dice que cuando en un sector o actividad una empresa consigue un gran beneficio, atrae la atención de otros inversores que invierten en la empresa o en sus competidoras hasta que la competencia entre ellas, en el largo plazo, termina por llevar su beneficio a cero. De aquí las teorías de mercados maduros, segmentación etc.

Lo que ocurre ahora es que ya nadie espera rentabilizar su inversión vía dividendo, estos ya están descontados en el precio de compra de la acción, el objetivo es que la acción se revalorice para volver a venderla. Es decir, el inversor elige su inversión no por la capacidad de recuperar su inversión aumentada vía dividendos, sino por la expectativa de revalorización de la acción en el futuro. En definitiva los inversores de hoy en día invierten pensando en el beneficio futuro, sin importarles el del presente.   

El mayor exponente de esta situación son las empresas de tecnología, muchas de ellas han conseguido valores en bolsa estratosféricos sin haber conocido nunca lo que son los beneficios ni haber repartido nunca dividendos. Repasen conmigo, shazam, Instagram, Uber, Amazon, twitter, Airbnb, blackberry, etc. Consiguen atraer la atención y el dinero de los inversores pese a no ganar dinero. Los inversores invierten en estas compañías con la esperanza que ganen dinero en el futuro. Y resulta paradójico que esta apuesta por el futuro ocurra precisamente en el sector más volátil de todos, en el que menos deberíamos pensar en un futuro que es incierto para todos.

Sin duda el exceso de liquidez creado por la intervención del estado que les describí en el segundo punto ha contribuido a que proyectos sin rentabilidad se hayan podido financiar durante años, simplemente con una idea atrevida de cómo será el futuro. Pero la verdad es que durante esos años, sectores económicos enteros están viendo como su rentabilidad desaparece por una especie de dumping, ejercido por empresas cuyos accionistas están dispuestos a perder dinero durante 10 años seguidos.

Algunos podrán argumentar que no hay tanta diferencia entre que un inversor invierta movido por el beneficio actual o por el futuro, pero si la hay y mucha. La principal es que el futuro es incierto, más en la actualidad en la que estamos asistiendo a cambios tecnológicos y sociales de enorme magnitud. Las decisiones de inversión acaban guiadas más por las modas, predicciones de consultores visionarios, o directamente opiniones interesadas, y no por los datos reales del mercado. Es en definitiva el caldo de cultivo perfecto para la aparición de burbujas que inflen artificialmente el precio de los activos, sin que existan razones fundamentales para ello. Pero no se preocupen, el día que la burbuja se pinche haremos como siempre, exigiremos al sector público que haga algo, que rescate ese importante sector de nuestra economía. En fin,  Capitalismo en estado puro.

2 comentarios:

  1. Muy buen articulo Jonás! muy interesantes las puertas de atras que hay en cada concepto y que has sabido mostrar.

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  2. Muito interessante. Pasamos de una economía previa basada en la capacidad productiva a una economía basada en finanzas y expectativas futuras. Pasamos de banca tradicional a banca comercial, fondos de inversión y demás. Pasamos de riqueza a burbujas… cuando es el entierro? Hay vida tras la muerte?

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