Espero no parecer demasiado
trágico con los encabezados de mis últimos artículos, pero estamos viviendo un
verdadero cambio de época, y eso implica que veremos desaparecer pilares
fundamentales del modelo de sociedad que hemos disfrutado durante años, como el
capitalismo o la democracia representativa. Pero no se alarmen, la cosa parece que va lenta, y si algo desaparece es
porque algo nuevo está naciendo, un nuevo modelo de sociedad surgirá de esta
etapa de cambio, lo que no se decirles es si será mejor o peor que el actual, a
quien beneficiará o perjudicará, aunque seguro eso dependerá de lo que cada uno
pongamos de nuestra parte.
No hace falta que describa en este artículo los cambios que están sufriendo los sistemas políticos democráticos de todo el mundo. No se publica un periódico que no incluya una columna, artículo o noticia que verse sobre la inestable política de occidente. El populismo está en auge, el de derechas y el de izquierdas, en Europa y en América, incluso en las democracias más asentadas como el reino unido, votaciones como el Brexit han hecho saltar por los aires los marcos mentales de la política tradicional. Mucha es la literatura que ha analizado el fenómeno, y con uno u otro matiz, todos tienden a buscar las causas en la creciente brecha social de las economías occidentales, en la creciente desigualdad, el descontento social de la clase media, que ve por primera como las nuevas generaciones viven peor que las anteriores. Según esta visión parcial, cuando la economía se recupere la política volverá a su cauce tradicional.
Disculpen pero no estoy de
acuerdo. Si esta conclusión final fuese cierta, en Estados Unidos, donde la
economía esta experimentando una clara mejoría, reduciendo el desempleo a
niveles previos al 2008, no estaríamos asistiendo a la campaña presidencial
menos convencional de su historia. Fenómenos como Donald Trump o Bernie Sanders
no hubiesen adquirido la relevancia que han tenido hasta ahora. Fenómenos como
Donald Trump, Bernie Sanders, Marine Le Penn, Beppe Grillo, Alexis Tsipras o Norbert
Hofer, no se explican únicamente desde el descontento social por la situación
económica, son fruto también de la
desafección política que ha llegado a máximos históricos en democracia. La
gente ha pasado de la pasividad reflejada en las elevadas tasas de abstención
de los últimos anos, al voto protesta cuyo mayor exponente es sin duda el
Brexit. Al día siguiente nadie se hacía responsable del resultado, es como si
quisieran decir “Ah pero iba en serio?
Y es que la rabia por algún lado
tiene que salir. Porque el modelo
hegemónico hoy en día, el de la democracia representativa, está agonizando. La
democracia representativa, en el mejor de los casos, es aquel sistema donde ‘el
pueblo’ cada periodo de tiempo y por sufragio universal, elige a unos
representantes (de ahí el nombre) que son los que ejercen los poderes del
estado. No voy a entretenerme en profundizar en los problemas de la política
actual, la corrupción, la falta de transparencia, la pobre rendición de
cuentas, nula separación de poderes, etc. La consecuencia es la desafección, el
ciudadano siente que no tiene ningún control sobre la política institucional, y
ante la incapacidad de hacer evolucionar el sistema opta por destruirlo,
hacerlo saltar por los aires. Pregunten a los votantes de las fuerzas emergentes 'anti sistema' muchos no comparten su ideario, simplemente les votan porque van contra establishment.
Desde la introducción del
sufragio universal en la primera mitad del siglo XX, no ha habido cambios
significativos en los sistemas democráticos. Sin embargo, la sociedad ha
asistido a tremendas innovaciones sociales como el desarrollo de la televisión,
la aparición de internet, los teléfonos móviles, las redes sociales, etc.
Seguimos votando con sobres de papel en cajas de plástico, y mientras hacemos
la cola en el colegio electoral podemos desde el móvil hacer cualquier
transacción bancaria o incluso pagar nuestros impuestos.
No estoy hablando únicamente de
que podamos votar con el móvil, sino de mucho más. Debemos evolucionar de un
sistema representativo a una verdadera democracia participativa, donde el
ciudadano esté mucho más involucrado en el proceso de toma de decisión. No
confundan la participación con el modelo asambleario donde no hay liderazgo
individual. La evolución del sistema actual debe llevarnos a un modelo mixto
donde los líderes y los representantes
políticos actúen como verdaderos dinamizadores de la participación de los
ciudadanos, y no como ahora, sustituyéndola.
Para eso se requieren reformas
profundas en transparencia y publicidad, para que los ciudadanos puedan acceder
a la información y a los datos de forma rápida, cómoda y efectiva. La
información ha de estar disponible no solo para la toma de decisiones, sino
también para que la rendición de cuentas sea efectiva. Se requiere también una
reforma del sistema de partidos políticos, para que no sea imprescindible
militar 20 años en uno de ellos para acceder a un órgano de representación,
quedando además limitado por un régimen de incompatibilidades obsoleto e
inútil. Debe existir mayor permeabilidad entre la función pública y el mundo
profesional y empresarial. No podemos quejamos al mismo tiempo de tener
políticos de carrera y de las puertas giratorias. Soplar y sorber a la vez.
Y por último, y no menos
importante, el ciudadano ha de tener muchas más oportunidades de expresar su
opinión, incluso de forma vinculante. No es normal que en España desde la
reinstauración de la democracia solo se hayan organizado 2 referendos
nacionales, y ninguno autonómico o municipal (excluyendo los de los propios
estatutos de autonomía) Si queremos que la gente vuelva a tomarse en serio esto
de la política han de volver a sentir que tienen la capacidad de influir, que
existe una relación de acción-reacción a sus decisiones. Tenemos a la sociedad más educada y mejor formada de nuestra historia, y la tecnologías de la información necesaria para poder opinar y actuar en línea con nuestros representantes, ¿porque no hacerlo? ¿a que tenemos miedo?
Sin duda evolucionar a una
democracia participativa requerirá de un tiempo de aprendizaje, de adaptación
de los ciudadanos y sus representantes, pero nos conducirá a algo mejor, a una
sociedad más dinámica, comprometida con su futuro y responsable de sus
decisiones. Quien sabe cuál hubiera sido el resultado de un referéndum sobre el
rescate a la banca en Europa, tal vez hubiese ganado el no al rescate, como ocurrió
en Islandia. Lo que es seguro es que si las consecuencias hubiesen sido tan
negativas como algunos creen, los ciudadanos tendrían la certeza de estar
pagando por sus propias decisiones, y no por las de otros.

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