La mayor empresa
de taxis no tiene un solo coche (Uber)
La mayor empresa
de alojamiento no tiene hoteles (AirBnB)
La mayor empresa
de distribución no tiene una sola tienda (Amazon)
Y así…
Lo que ninguno recuerda, y muchos
no saben, es que estas empresas no
tienen activos físicos, pero tampoco beneficios económicos. Y podríamos continuar
la lista con Twitter, LinkedIn, youtube, etc… En efecto, estas empresas han
conseguido un grandísimo éxito comercial, me atrevo a decir que sin
precedentes, pero no han conseguido transformar esa enorme cuota de mercado en
rentabilidad económica. Bueno, sus creadores han hecho caja vendiendo acciones,
pero dividendos para sus accionistas, nada de nada.
En las empresas convencionales,
(si, esas empresas antiguas, con activos y que ganan dinero) abundan visionarios
de todo tipo predicando que debemos seguir el ejemplo de la nueva economía,
evitar cargar nuestro balance con activos, e ir a nuevos modelos de negocio mas flexibles. No
me queda claro si incluyen lo de dejar de tener beneficios y pagar dividendos
en la formula, espero que no.
No voy a negarles que operar sin
activos tiene algunas ventajas, la principal es no requerir el capital
necesario para adquirir los activos. Tu inversión se limita al desarrollo de la
plataforma, que además es muy fácilmente escalable a diferentes mercados. En
resumen, puedes crecer mucho y muy rápido y ganar así una importante ventaja
competitiva. El problema viene a la hora de intentar rentabilizar tu posición
de dominio, y ahí empiezan las dificultades. Porque cuanto más flexible es tu modelo, más fácil es copiarlo.
Y eso es lo que ha empezado a
ocurrir ya con Uber, al que le ha surgido un competidor, Lyft que al menos en
USA ya ofrece una cobertura, servicios y costes completamente competitivos. De
hecho en los últimos años Lyft crece más que Uber acortando distancias en cuota
de mercado. La adquisición de Lyft, posibilidad ya comentada en prensa, aparte
de un coste elevado implicaría asumir una cuota de mercado cercana al 50%, lo
que podría empezar a dar problemas de limitación de competencia. Además la
adquisición no incorporaría mucho valor, la mayor parte de los clientes tenemos
instaladas las dos aplicaciones, y es frecuente ver a los conductores
trabajando con ambas aplicaciones a la vez. No tardaremos en ver aplicaciones que nos ofrezcan la posibilidad de
introducir un trayecto y confirmar el taxi con el operador que nos ofrezca
menor precio o menor tiempo de espera, como ya existen en el market place
de las reservas hoteleras o de los supermercados. Invertir millones de dólares
para mantener los mismos clientes y los mismos conductores dando una señal al
mercado, eh chicos hagan su propia aplicación de taxi, si consiguen 1 millón de
usuarios viene Uber y les compra. Yo si fuera Waze ya estaría haciendo la mía.
Una empresa que no tiene fidelizados a los clientes, ni a los
proveedores, ni tiene activos, no tiene ninguna barrera de entrada para
convertir su posición de mercado en un beneficio real. Por eso, cuando sube
precios para rentabilizar su posición de mercado, el mercado se va a la
competencia. Así las cosas, no debe extrañarles que Uber esté apostando por los
coches sin conductor, y en tener ahora sí, una flota de vehículos propios.
(link) Parece que la empresa sin activos está llegando a su fin.
Otro caso significativo es el de
Amazon, que lleva 10 años sin repartir dividendos porque se supone está
invirtiendo en su plataforma logística, su ventaja competitiva más palpable. Yo
no dudo de esas inversiones, de hecho se acaba de inaugurar la nueva plataforma
de Barcelona, pero aquí en los Estados Unidos, donde su modelo está más desarrollado, quien te trae los paquetes de
Amazon es el servicio postal público americano (USPS). Así que Amazon, tras
diez años de invertir en logística y tras las pruebas con drones y demás
innovaciones ha decidido dar un paso definitivo, la innovación máxima: la tienda física. (link) Si, si han
oído bien, la última innovación de Amazon es poner tiendas, otro mito de la
empresa sin activos a la basura. Eso sí, serán tiendas muy modernas, con mucha
tecnología y sin cajeros. Sin cajeros no significa sin empleados, seguirán
haciendo falta los reponedores, los seguratas, el informático, los de la
limpieza, el de mantenimiento, el gerente, etc.
Así que vamos viendo a donde nos
lleva todo esto. Al final, tras invertir sumas multimillonarias, Uber será una
empresa de taxis convencional y Amazon una cadena de supermercados. La gran
innovación es que prescindirán de los sueldos de los taxistas y los cajeros,
que como ya se imaginan no son los más altos de la empresa. Para este viaje no
hacían falta alforjas.
La tecnología está cambiando por
completo nuestro entorno, nada volverá a ser como antes, pero no está
garantizado que el cambio sea a mejor. Sirva de ejemplo el mundo de la prensa,
tras años de transformación digital, los periodistas ganan peores salarios que
antes, los periódicos tienen menores beneficios y los lectores tenemos más
desinformación que nunca.
Todas las experiencias de transformación digital están enfocándose
peligrosamente en satisfacer únicamente las necesidades del cliente, olvidando
cuando no perjudicando al otros ‘stakeholders’, principalmente empleados y accionistas. La transferencia de todo el valor al cliente permite crecimientos explosivos, pero genera un desequilibrio en las empresas (perdidas), la economía (burbujas) y la sociedad (desempleo) que finalmente termina aflorando, y casi siempre de forma abrupta. Es posible ganar mucho dinero a corto plazo, pero si hablamos de crear valor a largo plazo, ningún modelo de negocio
será sostenible en el tiempo si no equilibra adecuadamente los intereses de todos sus stakeholders.

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